lunes, 17 de junio de 2013

Oda al gato que piensa

 

Esta es la oda al gato que piensa.

 

Pensemos en un gato un instante.

No en un gato pequeño ni grande,

pero pensemos en él en blanco y negro,

aunque creamos que es un gato medio.

 

Imaginemos una caja.

 

Una caja contenida y rodeada

incluso, por otra caja envuelta.

Si la segunda era algo mayor,

la primer habrá de ser más pequeña.

 

Imaginemos un perro.

 

Un perro curioso que las cajas olfatea.

Una caja por otra caja contenida,

en transportines, ahora convertidas,

la mediana y la más grande.

 

Las dos cajas al gato rodean.

El gato ocupa un espacio,

dentro del  transpotín pequeño,

que dentro está del transportín mayor.

 

El perro mira al gato.

Nosotros miramos al perro.

El perro mira al gato.

¿en qué piensa el gato?

 

En lo que sea que el gato piense,

le dedicamos esta oda:

Oda al gato que piensa.

lunes, 3 de junio de 2013

Para llamar a casa

Yo era un extraterrestre recién llegado a la Tierra. Venía a pasar unas semanas de vacaciones, pero mi nave se averió al intentar aterrizar y tuve que ir a la ciudad más cercana para llamar a la grúa.

Aún faltaban casi tres semanas para que llegase el verano, y el ambiente por suerte todavía no era caluroso. Para pasar desapercibido e integrarme entre los nativos, me puse una chaqueta de algodón, y me cubrí con una capucha. Así vestido, podía caminar cautelosamente sin levantar sospechas. Caminaba calle arriba y calle abajo, buscando entre casas y edificios, entre coches y las aceras, alguien que me pudiese ayudar.

Pero debía ser la hora de la siesta, o de la telenovela, porque no se veía a nadie en la calle. No había un alma. No había una sombra con quien poder hablar. Ni un turista perdido en bañador, ni una señora o señor, fregona y cubo en mano, refrescando el asfalto. No había niños jugando con su balón, ni jóvenes con su smartphone ocupando el parque o los portales de los vecinos.

De pronto, vi justo lo que necesitaba.

Ahora solo me hacía falta un boli y un trozo de papel, o mejor, unas monedas para realizar una llamada a casa…

“…Mi casa… teléfono, mi casa…”

lunes, 27 de mayo de 2013

Perdido en la ciudad

Posiblemente se trataba de la primera vez que mi hermano gemelo y yo visitábamos la ciudad. Nada serio, por supuesto. Una vuelta a la manzana, tal vez acercarnos hasta el centro, mirar algún comercio y volver a nuestro armario. Nuestro hogar, un pequeño cuchitril de ocho pisos, con cuatro vecinos por planta, y un tremendo olor a pies, era literalmente un zapatero.

Aquella marcha era prácticamente nuestro primer paseo por la calle. Enormes edificios se alzaban ante nosotros, miles de desconocidos inundaban las aceras. Todo a nuestro alrededor era ruido, voces, bocinas, humos y luces cambiantes de color. Pies enormes a diestra y siniestra invadían las aceras por las que nos dirigíamos. Gigantescos calzados, unidos a pies no menos enormes, entroncaban en piernas interminables que concluían en humanos igualmente colosales.

El traqueteo de nuestra marcha a veces se interrumpía ante la inesperada intersección de avenidas perpendiculares al camino. Todo era nuevo, todo era desconocido para nosotros. Y entonces ocurrió. El mundo de pronto se detuvo con un enorme dolor de cabeza. Fue apenas un segundo pero vi como sobre mí pasaba una nube. Un edificio con ruedas que volaba raudo hacia el otro extremo de la calle. Miré a la derecha, miré luego a la izquierda, al lugar donde él debía acompañarme, y mi hermano ya no estaba. Mi hermano gemelo había desaparecido. Se había perdido entre los miles de transeúntes absortos en su caminar desordenado.

No sin un gran esfuerzo me subí a una pequeña tarima. Intenté gritar, llamar la atención de mi hermano… De nada sirvieron mis intentos de llamarlo y hacerle volver. Ya estaba demasiado lejos. Pero quizá cuando ella observe que me he perdido, repita el camino y me encuentre. Aquí la esperaré a ella y a mis pies, para volver a caminar junto a mi hermano gemelo.

lunes, 20 de mayo de 2013

Celebración del ascenso del Elche Club de Fútbol

Además de las fiestas patronales, y los fuegos artificiales unidos a ellas, si hay algo que entusiasma a la mayoría de ilicitanos, es el equipo de fútbol local. Estos días se celebra por todo Elche el tan esperado ascenso de su equipo, Elche Club de Fútbol, a primera división. Hace 22 años que no jugaba en esa categoría.

No ha sido algo que haya llegado de repente, sino que ya durante las últimas semanas, a medida que los resultados dejaban claras las probabilidades matemáticas de ascender de división, se han sucedido por toda la ciudad los lanzamientos de cohetes con las idas y venidas de coches que, conducidos por seguidores del equipo y con una mano sobre el claxon, no dejaban de recordar a los vecinos estos previsibles resultados deportivos.

He de confesar que no soy hincha de ningún equipo. De hecho ni siquiera me gusta el fútbol. Pero reconozco que ver cómo se acercaban los autobuses con los jugadores y todos los vehículos y aficionados que les seguían por las calles, es un suceso lo suficientemente poco habitual como para no dejar la ocasión sin hacer alguna foto del momento.

Con los dos autobuses de jugadores y seguidores escoltados por la policía y cientos de fanes y aficionados con sus vehículos particulares, algunos seguidores del equipo iban abriendo camino y llamando la atención del resto de vecinos, colocando tracas en algunas calles mientras se dirigían en dirección al estadio local, el Martínez Valero. Allí les esperaba el resto de la afición para una recepción y la merecida celebración.

Precisamente, capté esta foto al colocar una de esas tracas al paso del primer autobús que llevaba al equipo. En el mismo momento de su detonación puede verse a la derecha de la imagen a un intrépido, inconsciente o desafortunado, fan o transeúnte, que cruza en ese justo instante por encima de la traca ya accionada.

De esta casualidad me consta que no debió llevarse otra cosa que un buen susto, porque pudo continuar con su marcha hasta el estadio sin atención médica de ningún tipo. Ver para creer…

domingo, 19 de mayo de 2013

Carpe diem

CIERRA – LOS… AHORA

ME ESTAS BESANDO…

SABS(sic) LO Q’(sic) SIENTES…

(YO) SOLO DIGO…

CARPE DIEM!

Analicemos el texto. En el aspecto formal está escrito en mayúsculas y el texto se ha dispuesto en cinco líneas. Podemos afirmar que no es un poema, o por lo menos que carece de toda métrica y rima tradicional. Tampoco hemos encontrado relación con ninguna canción en una búsqueda por la web, ni en castellano ni en inglés.

La puntuación consiste en un abuso de los puntos suspensivos al final de cada línea, y también después de la primera palabra. Precisamente la primera palabra se une a la segunda mediante un guión, convirtiéndose en “ciérralos…”, y esta ausencia de una puntuación correcta nos ofrece dos lecturas al considerar la segunda línea de texto: “ciérralos… ahora”, o “ciérralos… ahora me estás besando”.

En la tercer línea, si bien es habitual la abreviatura de la conjunción “que” con la supresión de las vocales, podemos suponer que son los nervios o la prisa los que hacen que el autor olvide la “e” de “sabes”.

Casi al final, en la cuarta línea, vemos una corrección al intuirse un “YO” ahora totalmente tachado para dejar la frase huérfana de sujeto, y convertirlo en implícito.

El texto concluye con un rotundo carpe diem subrayado para darle más énfasis, reforzado además con un símbolo de exclamación de cierre, efectivamente obviando que el castellano es el único idioma del mundo que dispone de un signo de apertura que precede a la exclamación.

¿Por qué el autor une “los” a “cierra” con un guión? ¿Por qué borra el sujeto de la última frase?  Creo que podemos considerar que llevaba anotado el texto y lo rectificó al comprobar que se había equivocado en su transcripción. Por tanto podemos suponer que no se trata de una pintada espontánea. Si llevaba el texto preparado, y ya escrito, ¿era de su propia autoría o lo copió de otro sitio y por eso consideró repararlo para ajustarse al original? La tercera opción en esta ocasión sería considerar que se le ocurrió en ese momento y fue corrigiendo según le parecía más oportuno. En cualquier caso tal vez nunca tengamos respuesta para estas preguntas.

En cuanto al mensaje, poco podemos añadir a la invitación que firma el escueto texto, una proclama, podemos afirmar que propia, del amor de todos los tiempos. Así que eso, ante la brevedad o fugacidad, o la incertidumbre de la vida, aprovechemos el momento.

martes, 7 de mayo de 2013

Robo de la Virgen de la Asunción

Volviendo a casa es el título de esta imagen y participaba en la modalidad libre de motivos de semana santa. Me la han robado.

La presenté junto a otras dos imágenes al XVIII Certamen Local de Fotografía de Semana Santa de Elche 2013 y ayer me dijeron que faltaba una.

Era una ampliación 30x40 montada sobre una cartulina negra 40x50. De acuerdo con las normas del concurso iba sin firmar, aunque en la parte posterior llevaba una pegatina con el título y el pseudónimo.

Entiendo y acepto que la organización no es ciertamente responsable de la exposición, que por cierto era en un conocido centro comercial, y de donde no comprendo que la hayan podido robar.

Estamos cansados de ver y oir que por internet se roban a diario canciones y películas, y nos reímos de los derechos de autor… pero que cierto es que fastidia cuando le pasa a uno. Y era una foto que ni siquiera estaba entre las seleccionadas. ¿Se le habrá caído a alguien en el carro de la compra y no se percató? ¿Se le habrá pegado a la chaqueta y no se dió cuenta hasta que llegó a su casa? El lugar de exposición debería garantizar la custodia de las obras que se presentan y debería responder de las faltas o daños. Y por otra parte la Junta Mayor debería exigir algún documento a quien va a retirar las obras e incluso pedir que firmase un acuso de recibo. ¿Y si vuelvo hoy para retirar las fotos que yo se que ya me he llevado? ¿Me dirán que se las han dado a otro?

En fin, la moraleja va a ser que no están libres de caer en manos ajenas ni las obras religiosas. En cualquier caso hago pública la imagen para que otro no pueda apropiarse de su autoría. Por si sirve de algo.